DIA 4 Logroño- San Juan de Ortega 99km

Bueno, como todos los días nos levantamos tempranito y remoloneamos un poco en el saco mientras salen los caminantes, cuando nos ponemos en marcha, en la calle, todavía hace frío y además la primera parte va por un parque con un lago que hace que todavía entre más frío con la humedad. Es un bonito parque que merece una foto, a pesar del frío, pronto cogeremos alguna cuestecilla que nos pondrá la estufa en marcha y echaremos de menos este frío. Hoy no hemos desayunado todavía y paramos en un pueblecito para tal efecto, creo que era Navarrete, charlamos y compartimos mesa con otro “bicigrino” de Gerona que nos encontraremos alguna vez más en la ruta. Bueno, adelante que la etapa hoy es larga y cuesta arriba, vamos subiendo poco a poco pero sin dejarlo. Llegamos a Nájera un pueblo bastante grande que nos lía un poco con las flechas. Aprovechamos una ferretería para hacer acopio de tornillos para las alforjas y arandelas (tienen unos enganches con unos remaches a los que no les auguraba buen futuro, y bien poco me equivoqué, a pesar de que se metieron conmigo un rato). La salida de Nájera tiene una sorpresa en forma de cuesta, que nos hace rezar a San Molinillo un buen rato. Más arriba el paisaje se abre bastante y los viñedos ganan terrenos a los bosques, siempre en ligero ascenso y de vez en cuando algún sube y baja, después de unas largas llanuras donde nos tomamos unas frutas y bromeamos con unos guiris de la 3ª juventud. Poco a poco nos plantamos en Santo Domingo de la Calzada, sellamos y cuando vamos a arrancar sale un montón de gente a la calle bloqueando todo el paso ¡era una boda!, y nosotros allí, con las bicis llenas de polvo, entre tanta gente elegante jajajaja, tocamos las bocinas al grito de ¡ojo, qué mancho! y nos abren hueco a regañadientes. Otra vez la planicie en ligera ascensión y algunos pueblecitos que siempre están al final de una cuesta. Salimos de La Rioja y entramos en Castilla, las viñas pasan a ser el árido campo de labor preparado para el otoño. Ya con un poco de hambre decidimos comer en Belorado que está al final de una buena bajada, yo ya estoy hasta los… Comemos en la plaza del pueblo, bastante bien por cierto, y ya en la calle Tito nos deleita con un intento de caballito que acaba en piñazo, para goce y disfrute del personal que hay en la plaza, ja ja ja Continuamos dándole al pedal, esto ya es como antes, páramo parriba, páramo pabajo y así hasta el infinito… Un poco antes de Villafranca de los Montes de Oca, las necesidades fisiológicas dividen el grupo y yo tiro mientras mis compis hacen lo que nadie puede hacer por ellos. Alcanzo una manada de jinetes que me rodean con los caballos, ya que unos me dan paso y otros no, pero bueno yo allí con mi caballo de aluminio entre las patas de preciosos jamelgos que pisotean a mi alrededor. Prefiero no tocar la bocina y ser paciente por si se alborotan, poco a poco se avisan entre ellos y me abren hueco, les doy las gracias y sigo. Paso un pueblecito y tras una larga subida y otra larga bajada, un poco antes de llegar a Villafranca, diviso un punto naranja en el horizonte que viene como un rayo a por mí. Espero a mis colegas, que vienen a la caza, en el pueblo mientras charlo con el de Gerona de esta mañana, que hará noche allí. Yo pensé que también jajaja pero no, cuando llegan estos dos decidimos subir los Montes de Oca y pernoctar en San Juan de Ortega, bueno la verdad es que no me encuentro muy mal y el sitio merece la pena. La subida empieza durísima con un camino bastante malo que algo más arriba perderá desnivel y ganará en firme. La vegetación se vuelve otra vez verde y unos helechos de casi un metro ponen la guinda a un robledal impresionante que a esas horas de la tarde parece incluso mágico, nos deleitamos un poco en la cima pero no nos podemos parar mucho. El roble da paso al pino y al ir por la cima es más o menos llano. Una pista anchísima nos hace ir un poco más rápido. Una bajada impresionante se dará la vuelta y será subida igual de impresionante y con piedras (foto). Dani se la piña por los automáticos y nos reímos un rato de él, claro. Le hago una foto y seguimos a todo trapo, ya queda poco y las pistas incitan a correr, es falso llano hacia abajo flanqueados por pinos entre las sombras de la tarde y tenemos ganas de llegar. San Juan de Ortega es un grupo de casas (yo no lo llamaría pueblo) que tiene una iglesia un bar, el albergue y una casa rural. La iglesia tiene una particularidad, los días del solsticio de otoño (y creo que primavera), por una ventana entra un rayo de luz que alumbra un capitel donde se representa el nacimiento de Jesús.

Justo cuando llegamos está atardeciendo y hoy es 27 de septiembre (no hay mucha diferencia de días) y la luz no coincide en el sitio exacto pero casi. Es curioso, en la iglesia, sólo Dani y yo (Tito no entra) y una luz rojiza da a todo un aspecto mágico, especial, te hace sentir bien, tranquilo, en paz. Allí solos en el silencio de la piedra teñida de rojo por los últimos rayos de sol y con casi 100 km en las patas y la satisfacción del deber cumplido ahhh!!!
Hoy dormiremos bien, después de la cena, claro hummm qué rico todo!!! El albergue es un antiguo monasterio algo reformado, es curioso, la imagen de las bicis durmiendo en un claustro centenario. El cura que antes lo regentaba fue uno de los tres que empezaron a marcar el Camino de Santiago tal como hoy lo conocemos, con el códice calixtinus en la mano y tras muchos enfrentamientos con los lugareños por donde sus tierras lindaban con el camino. Este cura ha fallecido no hace mucho, Dani le conocía y nos comenta que siempre contaba historias al caer el día, mientras invitaba a sopas de ajo, ¡qué pena que ya no esté! Con algo de nostalgia, después de pasear, cenamos y nos acostamos, es un lugar magnífico, no tiene grandes comodidades (ni pequeñas) pero emana una paz que se te mete por la piel y te llega al alma. San Juan de Ortega es un gran sitio, seguro que algún día volveré por allí, seguro.
Por Chango

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