DIA 8 Rabanal del camino – Pereje 64 Km

Hoy como en el albergue hay menos gente, el despertar ha sido más relajado y hemos desayunado en el mismo albergue con las viandas que compramos ayer.
Empezamos en subida, para entrar en calor poco a poco, como hoy tenemos la etapa prevista en Pereje y no son muchos kilómetros podemos tomárnoslo con calma.
La ascensión empieza por unas carreteras locales que apenas tienen tráfico y alternando con caminos bastante buenos.
Por el camino nos encontramos con Jesús y Patricia (los gallegos padre e hija) y seguimos juntos. El último tramo antes de llegar a la Cruz del Ferro es un poco más empinado con algún repecho chungo, pero como todavía no estamos muy cansados se hace bien.
Los paisajes ya han cambiado por completo, hemos pasado de las secas llanuras a los verdes y grandes valles. Una vez arriba tomamos las fotos de rigor y seguimos por un sendero que trascurre por la cuerda de la montaña, muy rápido y divertido, alternado con tramos de carretera (como la de antes, bueno es la misma).
Pasamos por Manjarín, un pueblo abandonado donde uno que se autodenomina caballero templario ha montado un chiringuito/albergue/tienda/parada o lo que sea, pintoresco lugar entre chabola y palloza donde vende de todo en plan jipi-friki, muy curioso.
Estamos llegando a la parte más alta y bajo nosotros se ve un mar de nubes que choca en la ladera de la montaña donde nos encontramos, parece que hoy no hace falta andar más para ver el fin del mundo, nos lo han arrimado unos pocos kilómetros. Es una bonita estampa y nos hacemos unas fotos mientras reposamos y charlamos con unas señoras que tomaban el bocadillo.
Ahora empieza lo bueno, una bajada rapidísima y llenita de piedras, posiblemente una de las mejores bajadas del camino, con perdón de la de Roncesvalles, qué pena que las alforjas nos hagan contenernos un poco, apetece echar a volar en algún tramo. Simplemente es impresionante, interrumpida por el pueblo del Acebo, el cual aprovechamos para tomar un tentempié “ligerito”, consiste en un bocadillo típico (o eso nos dice la del bar). El relleno del bocata es atún con tomate como el de las empanadillas, luego está todo (todo, es el bocata entero pan incluido) rebozado con huevo y pasado por la freidora o sartén, vamos lo que es un tentempié “ligerito”.
Seguimos con la bajada espectacular en la que nos encontrábamos, sigue peligrosísima, divertidísima, rapidísima y todo lo que se os ocurra acabado en –ísima.
Vamos por la empinada ladera de una montaña, con un barranco a la izquierda del sendero de unas cuantas decenas de metros, mejor no mirar que te mareas.
Los peregrinos nos miran raro como si fuésemos una tropa de suicidas sin miedo a despeñarnos por el barranco, la adrenalina nos empuja más que la cuesta abajo, y hace que las ahora pesadas maquinas, fluyan como el agua entre las piedras, ignorando a estas y con una insaciable hambre de más.
Por desgracia el camino muere en la carretera ya en la entrada de Molinaseca, la cuesta abajo con considerable desnivel nos acelera, entre gritos, aullidos y palmas que celebran la bajada anterior.
Paramos en un bonito puente a reagruparnos y retratarnos, y en algún momento se pasa por alguna cabeza el volver a subir para repetir la experiencia (pero sin alforjas jejejeje).
Mención especial para Patricia que autoproclamase anteriormente como una novata en esto de la bici y ha bajado como una verdadera experta en esto del descenso y os aseguro que no es nada fácil esta bajada.
Proseguimos hasta Ponferrada, alternando la carretera ahora más importante, con tramos de camino por el lateral. Es una cuidad con un espectacular castillo templario, una gran iglesia (no se si tendrá rango de catedral) y un casco antiguo que hace volar la imaginación a tiempos pasados.
Como no hay nadie para sellar la credencial seguimos. Salimos por una zona muy industrial donde llama la atención un gran bloque de cristal que parece traído de otro sitio.
Ahora vamos un buen rato por senderos y pistas en buen estado hasta Cacauelos donde paramos a comer.
Ya con la tripa llena como siempre, cuesta arriba, pero, bueno ahora es más corta, son continuos sube y baja entre zona boscosa y viñedos donde están vendimiando.
Los paisajes son estupendos y hace una tarde estupenda para pedalear, al principio resulta un poco frustrante que cada vez que subes una cuesta ves que enseguida bajarás para luego subir de nuevo, es como pedalear sobre una montaña rusa!!! Pero le acabas cogiendo el gusto y los paisajes merecen la pena.
Llegamos a Villafranca del Bierzo, otro enclave típico del camino donde sellamos de nuevo, ahora todo lo que nos queda es ligera ascensión por carretera hasta Pereje, un pueblo pequeño y acogedor que nos dejará en las puertas de O`cebreiro, la entrada a Galicia y posiblemente el puerto más mítico del camino.
Ya casi llegando al pueblo vemos un reguero de peregrinos, ante el miedo de quedarnos sin cama y tener que seguir al siguiente pueblo comenzamos un sprint alocado para adelantar a todos cuantos podamos.
El albergue está genial, las camas un poco juntas, (bueno juntas del todo, no hay sitio entre una y otra) tiene dos plantas y una buhardilla.
Viendo que hay muchos candidatos a campeones del mundo de ronquidos (algunos autoproclamados y otros elegidos por aclamación popular), Dani, Tito, Patricia y yo nos subimos a dormir nosotros solitos a la buhardilla, donde charlamos un rato y nos reímos un poco.
Ha sido buena elección se oyen los ronquidos de los de la planta de abajo jajajaja.
Poco a poco y sin darnos casi ni cuenta Morfeo nos acoge en su regazo con una sonrisa en los labios, soñaremos y bajaremos una vez más la bajada del Acebo, que ahora permanece ya en el recuerdo.

Por Chango

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